Bloc de notas sobre la marcha

domingo, 15 de noviembre de 2009

Escribir o leer.

"El escritor escribe lo que puede, mientras que el lector lee lo que quiere". Me gusta esta frase de Borges, ese gran provocador, porque me revuelve y me hace pensar. Pero para ponerla en duda, no para estar de acuerdo. Me explico:

1) Técnicamente. puedo admitir que, en un momento dado, un escritor ante un folio en blanco, puede estar en desventaja comparado con un lector ante una librería o biblioteca repleta de libros. pero ahí termina el efecto de la imagen. Porque ese lector no sabrá encontrar de forma inmediata lo que le "apetece" leer, ni con ayuda de bases de datos informáticas o ficheros bibliográficos. El escritor, por su parte, sin necesidad de mecanismos auxiliares, puede ponerse a escribir sobre lo que le apetece, de forma instantánea. Y, en potencia, existen muchos más asuntos, enfoques, frases y párrafos por escribir, que los que ya están escritos. En literatura, como en música, sí hay algo nuevo bajo el sol, y lo hay todos los días.

2) Existencialmente. Leer es necesario, pero es un acto pasivo (a ver si "acto pasivo" va a ser una contradicción...). Una afición que, a la mayoría de las personas que leen libros, no les cambia la vida. Escribir es un acto con mayúsculas, esfuerzo, dolor, alivio, orgullo, confesión. Sin necesidad de que nadie me lea, puedo vivir momentos, con sólo pensar un rato, que la lectura raramente me da. No todos los días se puede leer algo sublime, pero la medida de lo sublime la da nuestro propio gusto, y quién mejor que uno mismo para tenerse cogida la medida.

Aunque entiendo que hasta los genios como Borges tengan momentos de pereza y prefieran sentarse un rato a leer.

Sinónimos de "el otro".

Aquellos a los que el gitano llama "payo", aquellos a los que el musulmán llama "infiel", y aquellos a los que el progre llama "facha" son, simplemente, la mayoría de la humanidad.

Basta con sentirse en posesión de la verdad para cometer la osadía de calificar a los otros, descalificándolos. Para intentar que la inmensa mayoría se sienta en minoría.

Odiseo.

Hace poco tiempo terminé de leer la Odisea de Homero, uno de los libros que me regaló mi padre y que llevaba años en mi lista de espera.

Ulises sufrió bastante, desde el sitio de Troya hasta su regreso a Ítaca. Pero, entre disgusto y disgusto, era recibido en grandes banquetes, o se los organizaba él con sus hombres a base de saquear a otros. Participaba en juegos, relataba su vida ante una audiencia absorta, escuchaba música... Y se entiende que no le faltaban mujeres con las que yacer.

Con esa vida, ¿quién querría volver a casa, al lado de Penélope? Vale, lo formulo como un chiste, pero realmente me cabe la duda. El poeta Kavafis, en su "Viaje a Ítaca", aconseja al viajero rogar porque su camino sea largo y esté lleno de aventura y de conocimiento. A lo peor, o a lo mejor, llegar a Ítaca no es el objetivo del viaje.

Una pluma de paloma como juguete.

Junio de 2005. Estoy comiendo en Toledo, en una pausa en el trabajo. Las mesas del restaurante ocupan el patio de una casa antigua, un lugar ideal para olvidarse del mundo que hay alrededor.

Una niña de unos cinco años, que anda jugando entre las mesas, encuentra en el suelo una pluma, creo que de paloma. Inmediatamente, se pone a limpiarlo todo con ella, como si fuera un plumero completo. Viene su hermano y se la quita. El juego del niño es tirar la pluma al aire para hacer que vuele.

Me resisto a creer que esta diferencia de comportamiento ante el mismo estímulo es innata. Tiene que ser educativa o ambiental. Los padres de estos niños son jóvenes, modernos aparentemente. En principio, nuestro lenguaje es "políticamente correcto", pero, ¿qué estamos transmitiendo a los niños con nuestros hechos?

¿Por qué permitimos que la diferencia entre mujer y hombre, que sólo debería ser relevante en ciertas facetas de la vida, la abarque en todos sus aspectos? ¿Por qué, en el lenguaje, siempre usamos "a" para las mujeres, y siempre "o" para los hombres? ¿Tan diferentes somos? ¿O seguimos, y seguiremos, siendo diferentes porque nunca renunciaremos a etiquetar a nuestros hijos desde la cuna, o desde antes?

El asunto me supera, es materia para profesionales de la educación, sociología, psicología... Sólo me atrevo a opinar que la eliminación del sexismo, en el lenguaje, no debería consistir en utilizar siempre el femenino y el masculino (usando o no la arroba en las frases escritas), sino en esquivar el uso de ambos géneros gramaticales, sustituyendo "hombres y mujeres" por "personas". Es lo que yo intento hacer, aunque no siempre sea posible.

Reflexiones breves.

Escribe lo que tú quieras, y tendrás el público que mereces. Escribe lo que te pidan, lo que te manden, o lo que esperan de ti, y serás el ídolo previsible de un público cautivo que no te merece. Y que no mereces.

El espejo de la madrastra de Blancanieves es la autoestima. Salimos a la calle con la mueca que nuestro espejo nos ha devuelto. Somos guapos, si creemos serlo.

La mejor explicación para el milagro de la vida, para la existencia del universo, es que seamos un sueño. Pero, ¿de quién?

El sol, para ser el Sol, ¿necesita a los planetas girando a su alrededor?

Si las musas existieran, ellas recibirían los premios literarios. Y citarían a su "brazo escribidor" en el prólogo del libro.

La lectura es una gran cosa. Pero, sin una contraposición entre lo leído y lo vivido, sin una interpretación propia, la lectura es un ejercicio pasivo, una simple asimilación "hacia dentro". De vez en cuando, sería sano dejar fluir nuestras propias ideas "hacia fuera".

Los teléfonos móviles incluyen una plantilla de mensaje que comienza con "No puedo ayudarle..." Qué mundo, ¿no?

Fíjate si soy más joven que tú, que yo ya era joven antes de que tú nacieras.

Con tal de que me dejen vivir en paz, estoy pensando en apostatar del agnosticismo.

"Si vas colgarte, cuélgate de un pino chico. Así, mientras crece, te lo vas pensando." (Escuchado a un camarero en La Alberca - Murcia.)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Dejar de fumar, otra vez...

¿Cómo definir a un fumador? "Alguien a quien le gusta aspirar humo de tabaco" sería parte de la definición, e incluso podría ser la definición completa para algunos fumadores.

Pero cuando uno es fumador de verdad, el verbo "gustar" se queda corto. A un fumador de verdad, le gustan muchas cosas de la vida, pero el tabaco le hace falta. Cuando uno es fumador de verdad, la vida llega a convertirse en la sucesión de intervalos entre dos cigarrillos. Y, si esos intervalos no están llenos de actividad, de trabajo, de diversión, de emoción, el fumador los verá como tiempos de espera, como simple antesala de la vida misma: fumar.

¿Estoy exagerando? Probablemente, sí. Pero esta es la única forma que encuentro de plasmar mi sensación de anoche cuando, después de una recaída en el tabaco que ya venía durando unas 3 semanas, me sentí atrapado en las garras de un vicio que supera mi capacidad de decidir. Como otras, esta relación empieza con una decisión aparentemente adulta, con un "quiero" o un "me apetece". Pero, al cabo de un tiempo, es el propio tabaco el que parece decidir por nosotros.

No sé si he sabido explicar aquí cómo me sentí anoche. Pero os digo cómo me siento hoy: decidido a no encender otro cigarrillo. Y poniéndolo aquí de nuevo, para que volváis a sacarme los colores.

Quedar bien (pregunta abierta).

Cuando alguien nos llama por teléfono y nos dice "hola, ¿qué tal?", solemos responder "yo muy bien, ¿y tú?" aunque acabemos de sacarnos de la boca el cañón de la pistola para poder hablar. Si nos preguntan "¿estabas ocupado?", respondemos siempre que no, aunque hayamos llegado hasta el teléfono desnudos, enjabonados y con trozos de porcelana china clavados en un pie. Y, cuando ese tipo de persona que cree que el día empieza para todos justo cuando él se levanta, nos suelta su fatídico "¿te he despertado?", respondemos que no aunque nos haya arrancado del mejor de los sueños.

Y ¿por qué no decimos, simplemente, la verdad?

Espero respuestas.

jueves, 27 de agosto de 2009

Querido Paco.

(Francisco Umbral murió en Madrid el 28 de Agosto de 2007. Al cabo de un par de días envié este artículo a su periódico, donde no me lo publicaron. Aprovecho el segundo aniversario de su muerte para ponerlo aquí.)

Querido Paco, te has muerto y en la muerte te alaban muchos, incluso algunos enemigos, aunque hay panegíricos que matan con balas de ambigüedad. Otros, simplemente, te han concedido la ironía a título póstumo desde un mísero recuadrito. Déjalos, puede que no entiendan lo que es la literatura, y mira que tú intentaste explicarlo tantas veces.

Voy a intentarlo yo de nuevo, por ti. Woody Allen dice que el cine de hoy es para niños. Así los libros más vendidos, puro entretenimiento. Contar bien una historia, explicar un mundo real o imaginado, tiene su oficio. También un buen fotógrafo se hace con años de luces y acético. Pero la literatura, como arte, es otra cosa. En el verdadero arte, el fotógrafo se rinde ante Velázquez y el relator de historias cede el paso a Quevedo. A Juan Ramón. A ti.

En aquel bachillerato nuestro se estudiaba el antiguo debate entre fondo y forma. Como buen adolescente, yo era “fan” del fondo, de Quevedo; dame una historia, una opinión, y déjate de florituras. Como le dijo Chuck Berry a Beethoven, apártate Góngora, alquitara pensativa. Pero don Francisco, venas que humor a tanto fuego han dado, mantenía esa postura por afán de competir. Él era la forma y el fondo. Él era la literatura. Tú, Paco, y pocos más, sois la literatura. Los otros, reporteros de su tiempo o imagineros del pasado, dignos oficios, pasarán. Tú —ironías de la retórica para un ser de siniestras lejanías— no pasarás.

Tu fama se debe a tus columnas, y yo admiro tu arte para cazar el momento al vuelo y aplastarlo contra el papel, destripando sus jugos. Pero, si hablo de literatura, me refiero a tus libros. Yo niego el derecho a opinar sobre ti a quien no haya leído “Mortal y rosa”. No puedo, no quiero, esquivar el tópico. Abro el libro al azar; página 104: “La clínica es un corredor verde donde el dolor se hace razonable por un momento.” Y así doscientas páginas, que me cambiaron la vida y por las que ahora te doy las gracias.

Tú no me conoces. Soy un simple lector. Estuve en tu velatorio. En aquella angostura nos juntamos diez famosos, cinco desconocidos y, en la calle, cincuenta reporteros aburridos. Estuve en la casa del libro, en tu Gran Vía, llevabas muerto dos días. Nada en el domingo, y eso que era jueves. Comprendo que no quedaba un libro tuyo (yo me llevé el último). Comprendo que era Agosto. Pero, hombre, una foto, un escaparate. Algo.

Y es que en la división de opiniones sobre tu obra subyace esa absurda lucha política entre medios y partidos de derechas que niegan o que admiten serlo. Juzgamos a los autores según el periódico en el que escriben. Yo —suscribo una frase de dudosa paternidad— ya no sé si soy de los nuestros, pues la verdad es que yo compraba “El Mundo” porque tú escribías en él, y no al contrario.

Si la historia de la literatura hace justicia, cosa de la que no estoy seguro, en referencia al siglo XX español se hablará de ti y de un par más. Pero tú no lo verás. Ni falta que te hace. Tú olvídate ya de la Olivetti y de todos nosotros, y descansa. Disfruta, con tu hijo, de los privilegios de la muerte. Ahora eres, por fin, polvo enamorado.

El regalo / The gift.

El verdadero regalo que recibimos, al nacer, es la vida. Nuestra propia vida, la de nuestra familia y la de nuestros amigos.

El país, el idioma, la cultura, la comunidad, la casa son la caja que contiene el regalo.

Después, se añaden al regalo el papel de envolver, los lacitos y las pegatinas, que son los estudios, el trabajo y el dinero.

Pasamos el tiempo entretenidos con el papel, con la caja, con ese plástico de burbujitas... Y dejamos la vida en un cajón, como un reloj que, aunque todavía está en marcha, nadie lo mira.

El regalo es la vida, nuestro cuerpo, nuestros sentidos, la naturaleza y las personas a las que queremos. Y el mejor uso del regalo es descubrir nuestra pasión y poner a su servicio nuestro cuerpo y nuestro sentidos.

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The real gift that we receive, on being born, is the life. Our own life, that of our family and that of our friends.

The country, the language, the culture, the community, the house are the box containing the gift.

Later, we add to the gift the wrapping paper, the laces and the stickers, which are the studies, the work and the money.

We spend our time entertained with the wrapping paper, with the box, with those weird plastic bubbles... And we leave our life in a drawer, as a watch that, though still runs, nobody looks at.

The gift is the life, our body, our senses, the nature and the persons whom we love. And the best use of the gift is to discover our passion and to put to its service our body and our senses.

lunes, 17 de agosto de 2009

Lo dejo / I quit.

He dejado de fumar. Definitivamente. Encendí. y apagué, el último el sábado 15 de Agosto de 2009, por la noche.

¿Qué cómo sé que es definitivo? Ni idea, pero estoy escribiendo esto precisamente para que lo sea.

Si consigo que todos los que me conocen sepan que he dejado de fumar, tendré un motivo más para conseguirlo, porque me dará mucha vergüenza poner en evidencia mi debilidad.

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I have stopped smoking. Definitively. I lighted, and I extinguished, the last one in the evening of Saturday, the 15th of August, 2009.

How do I know that it's definitive? No idea, but I am writing this precisely in order that it is.

If I get all those who know me, to know that I have stopped smoking, I will have a strong reason for succeeding, because it would be a real shame, for me, to put in evidence my weakness.